Respira profunda y lentamente por la nariz, llenando de aire tus pulmones desde la zona baja a la superior. Retén el aire contando lentamente hasta cuatro y expúlsalo a continuación. Una vez más vuelve a inspirar profundamente, enviando el aire a la parte baja de los pulmones. A la vez, comienza a tensar los brazos, el cuello, hombros, mandíbula, labios, ojos, frente, espalda y piernas, sintiendo la desagradable sensación de la tensión. Retén el aire y mantén la tensión contando lentamente hasta cuatro. Ahora empieza a soltar el aire muy despacio, a la vez que vas aflojando los músculos tensos y te repites mentalmente el mensaje “calma, no tengo nada de qué preocuparme”. Vuelve a repetir otras dos veces el ejercicio de inspiración profunda-tensión muscular seguido de espiración-relajación muscular-autoinstrucciones de calma. A continuación, imagínate a ti mismo en una situación que te resulte relajante, aquella que para ti sea sinónimo de calma y tranquilidad. Hazlo con todo tipo de detalles, utilizando todos los sentidos: olores, sensaciones táctiles, sabores, sonidos, vista. Respira profunda y pausadamente y continúa pensando en las agradables sensaciones que experimentas durante unos momentos.