Sentí un dolor enorme en la espalda, Me quedé clavado/a en el sitio, Vi las estrellas, No podía moverme o tuve que agarrarme para no caerme, son frases muy habituales en boca de personas que han sufrido un episodio de lumbalgia.
Se presenta como un inesperado y fuerte dolor en la zona baja de la espalda, las conocidas lumbares.
Sentimos entonces que algo está a punto de romperse, y esa gran molestia nos obliga a parar en seco.
La dolencia se produce en medio de alguna actividad, llevándonos la mano a la espalda y tratando de sujetarnos, lo que provoca la imposibilidad del movimiento normal.
Y es que, la lumbalgia viene casi siempre sin avisar y, en la mayoría de ocasiones, mientras realizamos tareas cotidianas del día a día, que nada tienen que ver con un esfuerzo especial, ni con cargas altas de peso u otras situaciones extraordinarias que pudiéramos imaginar.
Al contrario, el episodio de lumbalgia se presenta normalmente con alguno de nuestros movimientos más cotidianos: al sentarnos o levantarnos, al agacharnos a recoger algo del suelo, en nuestra práctica deportiva habitual, al llevar la compra, mientras limpiamos el coche o cogiendo en brazos a un nieto.
Los problemas lumbares están aumentando entre la población española adulta, y esto es causado en parte por un empeoramiento de nuestras prácticas posturales, tanto en el trabajo como durante el descanso, y por nuestro creciente sedentarismo, lo que disminuye nuestra flexibilidad general, además de debilitar nuestro sistema músculo-esquelético.
En contra del pensamiento común, se estima que en torno al 85% de la población sufrirá lumbalgia en algún momento de su vida.
Mientras las lumbalgias en personas más jóvenes son principalmente causadas por pinzamientos o hernias discales, distensiones muscular, sobreesfuerzos o ciática, algunas de las causas más habituales de la lumbalgia crónica que aparece en la madurez son la degeneración del cartílago que une las articulaciones de la columna, la compresión de los nervios en la zona de la columna vertebral, un mayor aplastamiento vertebral a raíz de la menopausia femenina sumada a la osteoporosis, y otros factores agravados por el paso de los años, así como ciertas enfermedades degenerativas como la artrosis, o incluso a causa de fracturas peor curadas por la edad.