La consecuencia más evidente y que todos hemos experimentado alguna vez al recibir uno es la disminución del dolor.
Esto se debe a que el estímulo táctil y el incremento de temperatura generados por la acción masajeadora inhiben la entrada de información vinculada a la sensación de dolor o dolorosa.
Además, el masaje podría estimular la secreción de sustancias analgésicas en nuestro organismo.
De todos modos, los estudios publicados sobre la liberación de dichos compuestos son escasos, ya que la evidencia más sólida se centra en la percepción del paciente.
Por otro lado, también se considera que podría aumentar el flujo sanguíneo, lo que se asocia a un mejor aporte de nutrientes y facilita la eliminación de productos de desecho.
El incremento se debe a múltiples factores: al bombeo por compresión y descompresión de los tejidos, a la vasodilatación provocada por el sistema nervioso autónomo y a la liberación de sustancias químicas.
El efecto es difícil de interpretar: mientras que algún estudio sí observa que el masaje eleva la temperatura de la piel y el flujo sanguíneo local, otros, realizados mediante ecografía, no detectan cambios.
Estos resultados cuestionan, por lo tanto, la eficacia de la masoterapia sobre esa variable cuando se aplica después de practicar deporte.
Para cerrar el apartado cardiovascular, una investigación publicada en 2015 en la revista Nature concluía que el masaje sí funciona para tratar la hipertensión como complemento a los medicamentos.
Un hallazgo recurrente en las investigaciones es que el masaje disminuye el dolor a corto plazo en diferentes patologías.
A largo plazo se desconoce su efectividad porque la mayoría de trabajos realizan un seguimiento inferior a 12 semanas.
Según un análisis global de la evidencia científica, su mayor eficacia analgésica se produce en el dolor lumbar y cervical, las molestias de hombro, el dolor del parto, la artrosis, el dolor relacionado con el cáncer, el dolor posoperatorio y las agujetas.
Y pese a estos resultados, la masoterapia se muestra inferior cuando la comparamos con tratamientos activos como el ejercicio terapéutico, que involucra la participación del paciente.
Dar masajes es una terapia pasiva que resulta limitada como única estrategia.