La elección del tratamiento de LCA debe de ser tomada por el paciente después de un periodo de tratamiento conservador y de información de calidad y actualizada por parte del profesional.
En esta decisión no caben miedos de disminución de actividad y posibles consecuencias y demás argumentos de sobra superados ya en la actualidad.
La decisión se debe de postergar mientras que se empieza con el tratamiento de fisioterapia como en cualquier otra lesión ligamentosa aguda.
Después de un período mínimo (2-3 meses, aunque no existe un consenso sobre cuánto es el tiempo idóneo), la decisión se debe de tomar en base a la evolución, preferencias y creencias después de un proceso de asesoramiento honesto, de calidad y sin sesgos por parte del profesional sanitario.
Debido a la limitaciones que la cirugía precoz del LCA presenta, han llevado a cabo estudios como el de Park y colaboradores, en los que ya se valora si merece o no merece la pena empezar directamente con el tratamiento conservador, independientemente del estado funcional de la rodilla.
Este estudio contó con una muestra de 85 pacientes y se estableció un protocolo de rehabilitación gradual similar al de cualquier lesión ligamentosa aguda (ej. esguince).
Después de 1 año de seguimiento, el 91% de los sujetos tenían una buena estabilidad pasiva (medida con test ortopédicos pasivos), volviendo gran parte de ellos al nivel de actividad previo.
Merece la pena destacar que dentro del seguimiento, de los 14 pacientes que mostraban grandes signos de inestabilidad pasiva, 11 de ellos la recuperaron después de 1 año de seguimiento.