Una rozadura es una herida superficial en la que resulta dañada la capa superior de la piel.
Suele ser muy dolorosa, ya que las terminaciones nerviosas quedan al descubierto, sin embargo, generalmente produce poco sangrado.
En ocasiones en la herida puede haber pequeñas partículas extrañas o suciedad, lo que favorece que se infecte.
Además cuando se raspa la piel, la curación suele ser más lenta que cuando sufrimos un corte.
Para evitar posibles infecciones o una mala cicatrización, es fundamental tratar este tipo de heridas o abrasiones de forma correcta.
El primer paso antes de practicar primeros auxilios en cualquier tipo de herida, es lavar y desinfectar bien tus propias manos.
Puedes hacerlo con agua y jabón, o ayudarte de soluciones desinfectantes como Sterillium.
Después de una correcta higiene de manos, podrás proceder a lavar la herida con agua y un jabón neutro para eliminar los posibles restos de arena, tierra o grava.
También puedes usar suero fisiológico si lo tienes a mano.
Si después del lavado ves que aún queda alguna arenilla o grava en la herida, puedes intentar extraerlas con unas pinzas.
Si las pinzas son de uso frecuente, desinféctalas antes con una solución antiséptica.
Seca la herida mediante suaves golpecitos con gasas estériles o con un paño limpio que no deje pelusilla.
Desinfecta la herida con povidona yodada o con otro antiséptico que tengas en casa.
Cubre la herida con un apósito flexible y amplio.
Te recomendamos usar Tiritas EFFECT para acelerar el proceso de curación de la herida.
Si has elegido una solución de Tiritas, te recomendamos que cambies el apósito con cierta frecuencia.
Si por el contrario has protegido la herida con un apósito hidrocoloide de Tiritas EFFECT, lo que recomendamos es esperar a que el apósito caiga por sí solo.