El power yoga o yoga dinámico surge en EE. UU. gracias al trabajo de distintos maestros, entre los que se encuentra Baron Baptiste, que toma de referencia la práctica del ashtanga vinyasa yoga para hacer su propia práctica.
Pattabhi Jois fue su mentor, y lo que buscó fue crear un tipo de yoga derivado del ashtanga, pero menos estricto y más accesible.
De hecho, el yoga dinámico no se apega a ninguna norma específica, dando espacio a la creatividad de cada uno.
También se dice que el concepto de power yoga viene de otros dos maestros: Bryan Kest y Beryl Bender Birch, a finales de los 80.
Beryl, escritora del libro «Power yoga», fue profesora y practicante de ashtanga yoga en la ciudad de Nueva York.
En sus clases de yoga tomó nota de que tanto los corredores como los atletas tenían tan poca flexibilidad que no eran capaces de hacer las posturas.
Es por ello por lo que cambió la práctica que solía hacer de ashtanga, para adaptarla a ellas.
El power yoga se caracteriza por llevar a cabo asanas o posturas típicas del ashtanga yoga, pero más dinámicas y fluidas que en ashtanga, que son más estáticas y sin variaciones.
Al ser un tipo de vinyasa, la práctica es fluida y dinámica, lo cual ayuda a tonificar diferentes zonas del cuerpo y, a su vez, desarrollar la concentración; una meditación en movimiento poniendo en práctica el equilibrio y la flexibilidad.
La práctica del yoga dinámico se centra en hacer ejercicios que van acompasados con la respiración (definición de una secuencia de vinyasa).
Una mezcla muy potente para controlar tanto la mente como el cuerpo.
Una clase de power vinyasa yoga o vinyasa yoga dinámico normalmente se caracteriza por: La música a todo volumen.
Subir la temperatura de la habitación a unos 32 grados.
Hay mucho movimiento y se enfatizan las posturas de pie para acelerar el ritmo cardíaco.
Las clases son para todos los niveles (principiantes, intermedio…), y dependiendo de qué profesor dé la clase, se hace siempre la misma serie de asanas o bien alguna variación de la misma modificando su intensidad.
El profesor propondrá distintas variaciones en función de cada persona y de su condición física.
Eso sí, siempre se dedica un rato al final o al principio de la clase para meditar.
Normalmente, se suele empezar con los saludos al sol, a modo de calentamiento previo, haciendo uso de ujjayi (respiración victoriosa; es decir, hacer inhalaciones y exhalaciones por la nariz, emitiendo un sonido fuerte con la garganta al exhalar).
A continuación, se empieza a incrementar la intensidad con una secuencia de posturas más dinámicas y poco a poco se irá bajando dicha intensidad para acabar en la postura de savasana.
Seguro que también has oído hablar del power hot yoga, una práctica igualmente intensa basada en lo que sería el vinyasa o secuencia dinámica de movimientos (power) que se practica en una sala climatizada con una temperatura elevada (hot).
El objetivo es calentar el cuerpo para sudar y eliminar toxinas, aumentando también la flexibilidad.
La práctica de este tipo de yoga tiene muchos beneficios a diferentes niveles:
A nivel físico, fortalece y tonifica los músculos.
También fortalece los huesos, lo que ayuda a prevenir enfermedades como la artrosis.
Atendiendo a la respiración, se aprende a respirar, mejorando así nuestra capacidad pulmonar.
A nivel mental, sentirás un gran descanso y bienestar al terminar la clase, así como una relajación física.
Ayuda también a mejorar el equilibrio y la resistencia debido a la agilidad para cambiar de posturas, por lo que superar este reto puede aumentar tu autoestima.
Con la práctica de power vinyasa yoga, y del yoga en general, conocerás cuáles son tus límites, qué te hace feliz y cómo puedes aprender a valorar más lo que tienes.