Cuando fracasan estas estructuras estabilizadoras, se produce evidentemente una inestabilidad articular, en mayor o menor grado, que puede oscilar desde un simple dolor o sensación de fallo a una dislocación o luxación total de la articulación.
Sin duda la lesión ligamentosa por excelencia, al ser la más frecuente es el esguince de tobillo.
Pero también son frecuentes la lesión del ligamento cruzado anterior en la rodilla, lesiones ligamentosas en el hombro, muñeca, etc.
que se asocian a traumatismos previos más o menos evidentes.
Se sabe que aquellos ligamentos intraarticulares, tienen menos potencial de curación espontánea que aquellos extraarticulares.
Sin embargo, un tratamiento inadecuado, o la ausencia de tratamiento pueden aumentar el riesgo de padecer complicaciones a largo plazo, especialmente en el tobillo; es lo que comúnmente se conoce como "esguince mal curado".
Generalmente el paciente sufre una torcedura, caída, luxación que se reduce de manera espontánea o no, asociado a veces a un crujido audible, deformidad, hinchazón, incapacidad para continuar la actividad que estaba realizando…
En caso de que esto suceda, es imperativo acudir a un servicio de urgencias para una valoración inicial, descartar lesiones óseas e iniciar el tratamiento clásico, conocido con las siglas en inglés de PRICE.
La segunda cosa fundamental es la exploración física, en el caso agudo poco se puede hacer aparte de palpar la zona afectada, pero en lesiones crónicas existen maniobras exploratorias que pueden detectar con bastante precisión los ligamentos afectados.
Respecto a las pruebas de imagen, inicialmente una simple radiografía puede bastar para descartar fracturas, pero en casos más graves podría ser necesario realizar una ecografía o más adelante una resonancia magnética nuclear, cuando la lesión haya "enfriado".
En el proceso de curación, el ligamento pasa por tres fases de cicatrización: la inicial o inflamatoria, que dura de 24 a 72 horas tras el traumatismo, en el que se forma un hematoma y una respuesta inflamatoria que creará base sobre la cual se inicia la fase de reparación que dura unas 2 semanas y en las que el hematoma se sustituye por tejido conectivo que permite resistir a las dos semanas fuerzas de bajo nivel.
La última fase, la de remodelación, dura hasta 3 meses que es cuando el ligamento recupera las propiedades físicas previas a la lesión.
Lo que planteamos, una vez que el tratamiento conservador ha fallado, es reparar el o los ligamentos afectados mediante una cirugía artroscópica.
La cirugía requiere de un periodo de inmovilización y de un protocolo de fisioterapia para asegurar una recuperación completa.
Generalmente a los 3 meses se puede realizar una vida normal y a los 6 meses practicar cualquier tipo de deporte, si bien se recomienda en aquellos deportes más demandantes para el tobillo, el uso de vendajes funcionales.
La Unidad de Pie y Tobillo del Hospital Quironsalud de Valencia, está especializada en el diagnóstico y tratamiento de las inestabilidades por las técnicas más avanzadas disponibles actualmente.