Dependiendo del volumen y la intensidad de tu entrenamiento semanal, no es necesario que evites la actividad completamente.
El descanso podría ser una caminata ligera de 15 a 20 minutos o una vuelta tranquila en bicicleta con tus hijos por el vecindario.
También puede ser actividad intensa de movilidad como rutinas en el rollo de espuma, estiramientos dinámicos o una clase de yoga.
Si optas por el yoga, busca una sesión relajante, sugirió Greyson Wickham, doctor en fisioterapia, especialista en entrenamiento de fuerza y acondicionamiento.
No se trata de pasar el día sentado en el sofá, en especial si tienes un trabajo sedentario, pero tampoco es recomendable hacer algo muy exigente o que eleve demasiado tu frecuencia cardíaca.
A la actividad ligera se le conoce como descanso activo, indicó Wickham, ya que este movimiento incrementa el flujo sanguíneo, aumenta el envío de nutrientes hacia los músculos y promueve el flujo linfático para expulsar los desechos del cuerpo.
Toma una caminata, haz un poco de cardio, ve a hacer senderismo por diversión u otra actividad saludable que no sea demasiado exigente, pero que te mantenga en movimiento saludable, afirmó Olenick.
También enfatizó la importancia de no exigirse llegar "hasta el límite" en cada entrenamiento.
Por ejemplo, si eres corredor, no se trata de exigirte correr tan rápido y tan lejos como puedas todas las veces.
Incluir entrenamientos más tranquilos o recuperación activa entre esos días de mayor exigencia.
Conectar con un entrenador personal certificado o un coach de fuerza puede ayudarte a lograr esto de forma segura y efectiva.
Promover la recuperación también involucra tener buenas prácticas de sueño y nutrición, apuntó Olenick.
Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades recomiendan más de siete horas de sueño por noche.
La ingesta suficiente de calorías, proteínas y carbohidratos también ayuda al crecimiento muscular y a la recuperación de las reservas de glucógeno.