El dolor de rodillas puede llegar a limitar el día a día de muchas personas.
Aunque es habitual relacionar el desgaste de esta articulación con la edad y el envejecimiento, lo cierto es que también puede presentarse antes de los 50.
Lo que, a menudo, se ignora es que nuestros hábitos contribuyen al cuidado de las rodillas.
El doctor Gonzalo Samitier Solís, jefe de servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Quirónsalud Badalona y del Centro Médico Quirónsalud Aribau, nos indica que, a medida que envejecemos, nuestras articulaciones, especialmente las rodillas, tienden a experimentar desafíos relacionados con el desgaste natural del cuerpo.
El cartílago es una capa que recubre los huesos en las articulaciones y puede desgastarse o incluso desaparecer.
Cuando esto sucede, el hueso subcondral de la rodilla se queda sin esa protección y amortiguación lo que provoca la artrosis, una enfermedad muy común en ancianos, cuyos síntomas son inflamación, dolor y deformidad.
El doctor nos señala que estos desgastes no implican necesariamente estar condenado al dolor o tener que someterse a una intervención, hay mucho que podemos hacer para minimizar las molestias.
Siguiendo una alimentación saludable y equilibrada favorecemos la calidad del cartílago y otros tejidos que se encuentran en las rodillas.
El doctor nos lo explica así: "Parece un tópico, pero el peso tiene un efecto mecánico directo sobre nuestras rodillas.
Cada kilo de más se traduce en 4 kilos de presión adicional sobre nuestras articulaciones de carga".
Anímate a entrenar fuerza y movilidad.
Si trabajamos de forma específica los músculos del muslo, sobre todo cuádriceps e isquiotibiales, estos nos servirán para proteger las rodillas.
La rodilla artrósica pierde rango de movimiento de forma progresiva y, aunque esto no es completamente reversible, debemos esforzarnos en mantener la mayor movilidad y flexibilidad de nuestras articulaciones posible.
Correr, saltar o levantar pesos excesivos son algunos de los ejercicios que ejercen una gran presión sobre los meniscos y el cartílago, lo que puede derivar en el deterioro.
Y, en caso de tener afecciones de cartílago, es preferible optar por la bici, la elíptica o la piscina, que son actividades con menos impacto.
Las rodillas también pueden sufrir una presión añadida cuando permanecemos demasiado tiempo de pie.
Por lo tanto, si no vamos a poder sentarnos en mucho tiempo o vamos a andar, debemos asegurarnos de llevar zapatos cómodos con suelas blandas, que aporten amortiguación.
No es obligatorio llevar plantillas.
En concreto, se pueden aconsejar en personas que tienen piernas arqueadas, genu varu, o rodillas en X, genu valgo, tal como afirma el doctor: "En estos pacientes se puede disminuir la presión en el compartimento afecto, medial o lateral, respectivamente, colocando una cuña sobreelevada en la plantilla o en la suela del zapato".
Al igual que en las plantillas, es importante evaluar cada caso para saber si realmente aportan una mejora.
También hay que diferenciar entre las rodilleras de descarga, que se utilizan para reducir la presión, de otras que se utilizan para tener un soporte global de la rodilla.
Es conveniente acudir a consulta, ya que así se puede evaluar la situación.
Por ejemplo, la artrosis difusa con síntomas se puede tratar mediante la operación de prótesis, mientras que en menores de 50 años se puede indicar la cirugía de preservación de rodilla.
Hay que tener en cuenta que a estas edades más jóvenes no es habitual la artrosis, sino que más bien se habla de lesión condral o de cartílago.
Sobre esto, el doctor agrega que "con frecuencia estos pacientes presentan además lesiones combinadas de ligamentos, menisco o de desalineación por lo que cada caso debe analizarse individualmente".