Un cuerpo flexible contribuye al bienestar general, ya que reduce las malas posturas, relaja la mente, previene lesiones, evita la aparición de tendinitis, entre otros beneficios.
La flexibilidad refleja una de las importantes diferencias entre un cuerpo joven y otro envejecido.
Para la amplia mayoría de las personas marca a la elasticidad como una característica propia de la niñez, mientras que en la adultez, prevalecen la rigidez y el endurecimiento.
El paso del tiempo esconde un proceso de tensión que condiciona la libertad de movimiento.
La flexibilidad disminuye la tensión y favorece la lucidez mental.
La falta de estiramientos afecta en todos los órdenes de la vida.
Genera un deterioro paulatino tanto en el aspecto físico como mental.
Desde nublar la claridad en la toma de decisiones a un empresario que debe generar ideas, promover y consolidar proyectos, hasta contracturas y dolores intensos a un oficinista que debe pasar largos periodos en posiciones con poca movilidad.
Para el deportista, lo óptimo es realizar ejercicios de estiramientos antes y después de la práctica para favorecer la capacidad reactiva al ejercicio y acelerar la eliminación del ácido láctico, respectivamente, impidiendo que el músculo no se torne rígido, reduciendo la posibilidad de calambres y mejorando su capacidad de recuperación.
Es necesario centrar el trabajo en aquellos músculos que más se emplearán en la práctica.
Por ejemplo en el caso del running, en los miembros inferiores: isquios, cuádriceps, sóleo, aductores, peroneos, tibiales, psoas, aunque también es conveniente focalizar en la espalda baja, cuello y brazos.