La rótula es un hueso de forma triangular situado en la parte anterior de la rodilla y sirve como fulcro para el tendón de cuádriceps.
La fractura de rótula requiere una atención inmediata, fundamentalmente por originar un dolor agudo e intenso y una incapacidad funcional de la articulación más que significativa.
Los síntomas que nos pueden llevar a pensar en una fractura de rótula son: el dolor en cara anterior de rodilla, con o sin lesión cutánea, derrame articular e impotencia funcional con incapacidad para extender la rodilla, en el contexto de un traumatismo sobre la misma.
Otros síntomas comunes son la inflamación de la rodilla, sentir chasquidos y una movilidad anormal.
El tratamiento de la fractura de rótula dependerá esencialmente de dos factores: si se mantiene o no la función extensora de la articulación o si alguno de los fragmentos generados por la rotura se ha desplazado fuera de su ubicación.
Las fracturas de rótula no desplazadas pueden ser tratadas de forma conservadora con inmovilización de la rodilla en extensión.
Si no se conserva la capacidad de extensión de la rodilla, entonces la fractura deberá ser tratada quirúrgicamente.
Independientemente de que el tratamiento sea conservador o quirúrgico, la consolidación de la fractura de rótula se producirá al cabo de un periodo de entre seis y doce semanas, si bien la inmovilización de la rodilla debe reducirse al mínimo necesario con el fin de prevenir una de las complicaciones más frecuentes, como es la rigidez de la articulación.
Tras el periodo de inmovilización o la cirugía suele ser necesario una fisioterapia encaminada a recuperar la movilidad completa de la rodilla, así como la musculatura.
Por lo tanto en el tratamiento de estas fracturas intervendrán varios especialistas, tanto el especialista en traumatología cómo los fisioterapeutas.