Es necesario un procedimiento quirúrgico para la Enfermedad de la Columna Vertebral cuando se presenta: Déficit neurológico: pérdida de movimiento, pérdida de capacidad de controlar los esfínteres para ir al baño, pérdida de sensibilidad, etc.
Dolor agudo e intenso que no se puede controlar, característico de problemas como las Hernias Lumbares o Cervicales.
Hartazgo: esta es la situación más frecuente por la que se decide hacer una Cirugía de la Columna Vertebral; tiene lugar cuando ya se han intentado todas las alternativas (cambio de hábitos, mejora de alimentación, ejercicio, etc.) y no hay mejoría.
La Cirugía de la Columna Vertebral tiene dos objetivos: el primero es descomprimir las estructuras neurológicas que se encuentran atrapadas en el tejido; el segundo es dar estabilidad y alineación a las estructuras de la columna, lo cual se logra colocando implantes hechos de titanio y de una especie de acrílico llamado PEEK (similar a las resinas que utilizan los dentistas).
La Cirugía de Columna Vertebral se lleva a cabo en un quirófano especializado.
El paciente se coloca boca abajo en una mesa con puntos de soporte en la cabeza, en el tórax, en las caderas, en las rodillas y en los talones.
Se utilizan implementos como Rayos X o un aparato llamado O-arm para dirigir la instrumentación de las vértebras.
La duración del procedimiento es variable y se realiza con Anestesia General.
El tiempo habitual de estancia en la clínica son dos o tres días posteriores a la cirugía, pero este lapso puede variar en cada caso.
Cualquier procedimiento que implica una intervención en el cuerpo tiene riesgos, hasta una inyección o una vacuna.
Ante esto, cabe decir que la Cirugía de Columna Vertebral no se encuentra exenta de ellos; afortunadamente, son muy poco frecuentes y se presentan en menos del 5% de los pacientes operados.
Las complicaciones más frecuentes son: Hemorragias o sangrados Fuga de líquido cefalorraquídeo (el cual se encuentra en el cerebro y la médula espinal) Lesión de nervios que controlan la sensibilidad, movimiento, micción y defecación Infección (se presenta en menos del 2% de los pacientes operados) Falla del instrumental de la cirugía Falta de mejoría de los síntomas después de la intervención
La recuperación de una Cirugía de la Columna Vertebral suele ser un proceso de unas semanas.
El paciente debe retomar poco a poco la movilidad, utilizar una faja y comer alimentos blandos.
Una vez en casa, se recomiendan tres semanas de lo que llamamos “reposo relativo”, que consiste en realizar actividades básicas con normalidad, como ir al baño, desplazarse a comer, incluso salir a caminatas en zonas seguras y sin desniveles.
En este lapso se recomienda: Evitar manejar Evitar hacer ejercicio Evitar agacharse No hacer esfuerzos No nadar Evitar desplazarse en trayectos largos a pie o en automóvil
Una vez pasado este tiempo es recomendable que el paciente lleve a cabo una vida normal sedentaria, es decir, en donde no haga grandes esfuerzos.
El éxito del tratamiento requiere de un diagnóstico acertado y un tratamiento dirigido al problema.
Sin embargo, se requiere del apoyo del paciente para lograr el mayor de los éxitos.